Condiciones laborales de las mujeres en Uruguay.

Autor Invitado
05/04/2018
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En el marco del Día Internacional de la Mujer, analizamos las diferencias en cuanto a calidad de empleo respecto a los hombres.


Resumen de Prensa

Segundo Informe del SICLAB, Sistema de Información de Calidad Laboral

4 de abril de 2018

 

El SICLAB es una iniciativa de UniónCapital AFAP, a cargo de Equipos Consultores y el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (IECON – UdelaR) para el análisis y seguimiento permanente de la calidad del empleo en Uruguay.

 

En diciembre pasado, al presentarse el primer informe de SICLAB, se incluyó un análisis sobre la evolución de la calidad de empleo en Uruguay entre 2009 y 2016, que muestra una mejora continua en los indicadores que dan cuenta de la calidad de las condiciones laborales de los ocupados en el país en ese período.

 

En esta oportunidad, el informe profundiza en las diferencias entre hombres y mujeres respecto a la calidad de los puestos de trabajo a los que acceden.

 

 

Hombres y mujeres: diferencias y similitudes

 

Las mejoras en la calidad del empleo constatadas en el período 2009-2016, medido a través del Índice de Calidad del Empleo elaborado por el IECON a partir de información de las Encuestas Continuas de Hogares, son similares entre hombres y mujeres. Las carencias consideradas son el no registro a la seguridad social, el multi empleo, extensión de la jornada laboral (por exceso o insuficiencia de horas trabajadas), la estabilidad laboral, el empleo productivo y la insuficiencia de ingresos (a partir de un umbral absoluto y uno relativo).

 

No obstante, y si bien el porcentaje de hombres y mujeres que presentan alguna carencia en el empleo presenta similar evolución, las trabajadoras con problemas de empleo tienden a acumulan más carencias.

 

Si se analiza por dimensión, en el promedio del período la falta de registro a la seguridad social afecta de manera similar a hombres y mujeres; la extensión de la jornada laboral afecta a una proporción mucho mayor de hombres; mientras que el resto de las carencias consideradas afectan en mayor medida a las mujeres. Las distancias entre hombres y mujeres se incrementan al considerar el ingreso relativo como umbral de insuficiencia de ingresos, afectando 31% de las mujeres y 25% de los hombres.

 

Otro hecho constatado es que la situación entre las mujeres ocupadas es mucho más heterogénea que entre los hombres. Las diferencias asociadas al nivel educativo son las más relevantes, en particular por lo que sucede con las mujeres de menor nivel educativo que tienen un peor desempeño que los hombres con similar nivel de estudios.

 

La nueva encuesta

 

En enero pasado, Equipos realizó una nueva encuesta telefónica a una muestra de 400 personas mayores de 18 años todo el país, a partir de la cual se analizaron aspectos asociados a las características y las vivencias en el mundo del trabajo de hombres y mujeres. Se concluyó que la mano de obra femenina presenta limitaciones diferentes y en algunos casos más profundas que los hombres. Si bien en términos generales los niveles de satisfacción con el  trabajo  son similares entre ambos sexos, las trabajadoras mujeres valoran en un porcentaje mayor el reconocimiento que reciben por su trabajo, la tarea específica que desarrollan y las relaciones personales con sus superiores, mientras que encuentran menos satisfacción en el ingreso o salario recibido, así como con las posibilidades de desarrollo de su carrera, beneficios no salariales, relaciones personales con sus pares y posibilidades de capacitación.

 

A su vez, cuando se les consulta cuál es el nivel de salario mínimo que está dispuesta a aceptar en un empleo, las mujeres responden en promedio una cifra 20 % menor. Por otra parte, es notoriamente mayor el número de beneficios que recibe los hombres como compensación extra, en seguro de vida, partidas para cubrir otros gastos (alimentación, combustible), asistencia para tratamientos médicos o dentales, o partidas por inicios de clases u otras similares para los hijos). Estos beneficios mayores para los hombres parecen reforzar la idea del rol masculino de proveedor, sostiene el informe.

 

Ante consultas sobre aspectos concretos en la relación laboral, las respuestas denotan otras desventajas para las mujeres en el mercado laboral.  Es menor el porcentaje de mujeres que dicen recibir capacitación regular en el trabajo en relación con sus colegas hombres. También es mayor el porcentaje de mujeres que responden negativamente a la pregunta sobre si reciben una buena paga por su trabajo, brecha que aún es más amplia entre las trabajadoras de nivel socioeconómico alto.

 

En los mencionados rubros, entre otros, se observa también una diferencia entre Montevideo y el Interior, donde la brecha de insatisfacción que diferencia a hombres y mujeres se amplía fuera de la capital.

 

En cuanto a la percepción de hombres y mujeres sobre el lugar de trabajo, en todos los aspectos consultados surge una “brecha de género” entre las respuestas, con un perfil más negativo entre las mujeres. Las diferencias más notorias se encuentran en el trato presuntamente igualitario entre hombres y mujeres, la preocupación del empleador por la salud, la satisfacción sobre aspiraciones de desarrollo, así como la paga y la capacitación.

 

 


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